Aún en la mismísima vecindad del basurero los alelíes consagran sus esencias.
Aún los aguas de los ríos son a un mismo tiempo camino y caminante.
Aún hay quien pone la mano en el viento en lugar del fuego.
Aún abrimos puertas en esas casas de tragaluces ciegos y ventanas tapiadas.
Aún escuchamos la mar cuando la tierra calla.
Aún congregamos coquís y cucubanos.
Aún acabamos con un punto de luna la amenaza nocturna.
Aún tarareamos tonadas infantiles y a brinco de conejo nos saltamos el llanto.
Aún seguimos la moda de los lirios del campo.
Aún rompemos líneas paralelas y abrimos en círculos perfectos el compás del milagro.
Aún aramos surcos para sembrar el trigo.
Aún ahogamos bombas y cegamos con algas los fusiles.
Aún nuestro Verbo rebelde fustiga a los imperios.
Aún compartimos panes y nos los saboreamos.
Aún nos encontramos, juntamos y sumamos alrededor de la mesa donde la Hermana Vida escribe su evangelio.
Oye, alabo al Amor que una noche se amamantó a sí mismo y se sacó de adentro la luz de un sol que quiere ser de todos.
No preguntes.
¡ESTAMOS VIVITOS Y CANTANDO!
Iris M. Landrón
cucubanos@gmail.com